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Abstract

El presente artículo sostiene que estamos presenciando nuevos procesos de participación y activismo social en América Latina, caracterizados por la ausencia de centros de deliberación y coordinación definidos, y por liderazgos transitorios. Este activismo es parte de una ola más amplia de protestas sociales en el mundo que empezó con la Primavera Árabe en 2011, y con la cual comparte rasgos como el factor generacional, el rol de las redes y medios sociales, el uso de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la brecha entre las políticas institucionales y la ciudadanía, y el debilitamiento del poder de convocatoria y movilización de los movimientos sociales clásicos. El período 2011-2015 se caracterizó por el surgimiento de este nuevo tipo de activismo social en América Latina. Esta forma de activismo emerge en un contexto regional específico de crecientes contradicciones, producto de un desarrollo socioeconómico excluyente y de un desarrollo humano incompleto, caracterizado por desigualdades sociales radicales en democracias que siguen sin atender las necesidades de gran parte de la sociedad. Aunque estos movimientos sociales pueden parecer nuevos, en verdad son expresión de las tensiones subyacentes presentes en la mayoría de las sociedades de la región; son puntos de tensión que por largo tiempo han representado el núcleo del conflicto social en América Latina: la desigualdad, la pobreza y la exclusión que ambas implican. Esta exclusión es social (falta de acceso a los servicios básicos, a la educación, a la salud, al transporte, etc.) y política (falta de participación en los procesos de toma de decisiones, clases políticas autorreferenciales y procesos institucionales opacos y una ausencia de rendición de cuentas en el ámbito político-institucional).

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